Esta actividad de producción de texto está pensada para que sea realizada en el cuaderno de deberes o lo que destinen como tal (por ejemplo hojas).
Deben numerarla como Tarea 1 y deberá ser entregada a finales de abril en fecha a confirmar.
En el cuaderno deben copiar la propuesta, no este texto, y realizarla.
TAREA 1
A partir de la lectura del texto "El tamborilero mágico" escoge una de estas dos propuestas y realízala.
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Inventa un final para este cuento.
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Haz una breve descripción del tamborilero.
El tamborilero mágico
de Gianni Rodari
Erase una vez
un tamborilero que volvía de la guerra. Era pobre, sólo tenía el tambor, pero a
pesar de ello estaba contento porque volvía a
casa después de tantos años. Se le oía tocar desde lejos: barabán, barabán, barabán…
Andando y
andando encontró a una viejecita.
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Buen soldadito, ¿me das una moneda?
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Abuelita, si tuviese, te daría dos. Incluso una docena. Pero no tengo.
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¿Estás seguro?
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He rebuscado en los bolsillos durante toda la mañana y no he encontrado nada.
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Mira otra vez, mira bien.
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¿En los bolsillos? Miraré para darte el gusto. Pero estoy seguro de que… ¡Vaya!
¿Qué es esto?
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Una moneda. ¿Has visto cómo tenías?
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Te juro que no lo sabía. ¡Qué maravilla! Toma, te la doy de buena gana porque debes
necesitarla más que yo.
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Gracias, soldadito –dijo la viejecita-, y yo te daré algo a cambio.
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¿En serio? Pero no quiero nada
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Sí, quiero darte un pequeño encantamiento. Será este: siempre que tu tambor
redoble todos tendrán que bailar.
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Gracias, abuelita. Es un encantamiento verdaderamente maravilloso.
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Espera, no he terminado: todos bailarán y no podrán pararse si tú no dejas de
tocar.
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¡Magnífico! Aún no sé lo que haré con este encantamiento pero me parece que me
será útil.
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Te será utilísimo.
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Adiós, soldadito.
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Adiós, abuelita.
Y el soldadito
reemprendió el camino para regresar a casa. Andando y andando… De repente
salieron tres bandidos del bosque.
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¡La bolsa o la vida!
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¡Por amor de Dios! ¡Adelante! Tomen la bolsa. ¡Pero les advierto que está
vacía!
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¡Manos arriba o eres hombre muerto!
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Obedezco, obedezco, señores bandidos.
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¿Dónde tienes el dinero?
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Lo que es por mí, lo tendría hasta en el sombrero.
Los bandidos miran en
el sombrero: no hay nada.
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Por mí lo tendría hasta en la oreja.
Miran en la oreja,
nada de nada.
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Os digo que lo tendría incluso en la punta de la nariz, si tuviera.
Los bandidos miran,
buscan, hurgan. Naturalmente no encuentran ni siquiera una moneda.
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Eres un desarrapado –dice el jefe de los bandidos-. Paciencia. Nos llevaremos
el tambor para tocar un poco.
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Tomadlo –suspira el soldadito-, siento separarme de él porque me ha hecho
compañía durante muchos años. Pero si realmente lo queréis…
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Lo queremos.
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¿Me dejaréis tocar un poquito antes de llevároslo? Así os enseño cómo se hace
¿eh?
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Pues claro, toca un poco.
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Eso, eso –dijo el tamborilero-, yo toco y vosotros (barabán, barabán, barabán) ¡y vosotros bailáis!
Y había que
verlos bailar a esos tres tipejos. Parecían tres osos de feria.
Al principio se
divertían, reían y bromeaban.
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¡Animo, tamborilero! ¡Dale al Vals!
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¡Ahora la polka, tamborilero!
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¡Adelante con la mazurca!
Al cabo de un
rato empiezan a resoplar. Intentan pararse y no lo consiguen. Están cansados,
sofocados, les da vueltas la cabeza, pero el encantamiento del tambor les
obliga a bailar, bailar, bailar…
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¡Socorro!
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¡Bailad!
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¡Piedad!
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¡Misericordia!
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¡Bailad, bailad!
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¡Basta, basta!
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¿Puedo quedarme el tambor?
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Quédatelo… No queremos saber nada de brujerías…
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¿Me dejaréis en paz?
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Todo lo que quieras, basta con que dejes de tocar.
Pero el
tamborilero, prudentemente, solo paró cuando los vió derrumbarse en el suelo
sin fuerzas y sin aliento.
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¡Eso es, así no podréis perseguirme!
Y él, a
escape. De vez en cuando, por precaución, daba algún golpecillo al tambor. Y
enseguida, las ardillas sobre las ramas, las lechuzas en los nidos, obligadas a
despertarse en pleno día…
Y siempre adelante, el
buen tamborilero caminaba y corría, para llegar a su casa.